DE MUJER A MUJER

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Por primera vez en la historia democrática de Honduras, el poder podría ser transferido de una mujer presidenta a otra.

Como en la mayoría de los países del mundo, en Honduras, el poder ha estado históricamente en manos de hombres. El posible relevo de Xiomara Castro a Rixi Moncada no solo marcaría una continuidad política, sino una transformación cultural de fondo: el rostro del poder ya no es exclusivamente masculino.

Hoy, las mujeres no solo participan; deciden, gobiernan y, seguramente, seguirán haciéndolo.

Xiomara, el regreso de una causa

Xiomara Castro llegó a la presidencia en 2022 con una promesa clara: recuperar la democracia, sanear las instituciones y gobernar para el pueblo. Su victoria, además de histórica por su condición de primera mujer en el cargo, fue simbólicamente poderosa: una reivindicación política después del golpe de Estado de 2009 contra su esposo, el ex presidente Manuel Zelaya.

Desde entonces, Xiomara se ha mantenido como la figura más visible del proyecto político que representa el Partido Libre: una coalición social de corte progresista, con profundas raíces en los movimientos populares que resistieron el golpe.

Con su liderazgo, Xiomara ha reforzado la narrativa de la reparación histórica, al tiempo que ha consolidado su estructura territorial y su base electoral.

En este cierre de mandato, la presidenta no se despide del todo. Si algo ha demostrado este ciclo político en Honduras, es que la figura de Mel Zelaya y su ideario del “28J” han trascendido su mandato y hoy recobran vigencia. Ese legado está por cruzar una nueva frontera, con la segunda presidenta en la historia de Honduras.

Rixi Moncada: a la cabeza

Con 44.9 por ciento de intención de voto, Rixi Moncada lidera la carrera rumbo a la elección presidencial de noviembre del 2025, de acuerdo con la más reciente encuesta de TResearch International. Detrás de ese número no solo hay estrategia, sino también una historia. Rixi fue abogada de Mel Zelaya durante el golpe de Estado, su testigo jurídica más cercana y coautora del libro El Golpe 28J, en el que ambos relatan la ruptura del orden democrático. Su figura se ha forjado entre tribunales, marchas, movilizaciones y la construcción del nuevo poder popular que impulsó a Xiomara al Palacio José Cecilio del Valle.

Desde su paso por el Consejo Nacional Electoral, su rol como secretaria de finanzas y su cercanía con los núcleos fundadores del Partido Libre, Rixi Moncada ha escalado como una figura de autoridad, discurso y capacidad técnica, pero también como un símbolo: mujer firme, leal a la causa y favorita a la presidencia.

En el mismo estudio de TResearch, el 43.2 por ciento de las y los hondureños ven en ella la continuidad de un proyecto y, a la vez, un cambio positivo. Mientras que el 44.6 por ciento considera que ella ganará las elecciones, por encima de sus rivales, Tito Asfura (22.3 por ciento) y Salvador Nasralla (28.1 por ciento).

Un relevo cargado de historia

Rixi Moncada no solo pertenece al movimiento político mejor evaluado de Honduras, es también una de sus arquitectas. Su liderazgo no proviene de la casualidad, sino de una trayectoria forjada en la resistencia, el servicio público y la defensa de la democracia. Desde los días más críticos del país, hasta los espacios de mayor responsabilidad institucional, Rixi ha demostrado carácter, capacidad y convicción. Hoy, asume la bandera de la continuidad con transformación, no como figura designada, sino como una mujer con visión, experiencia y respaldo ciudadano.

Su historia habla con fuerza… y su candidatura también. Por primera vez, una generación de niñas hondureñas ha crecido viendo a una mujer gobernar. Ahora, podrían ver a otra llegar al poder. No es solo un relevo político, es la confirmación de que hoy es tiempo de mujeres.

De la ruptura al relevo

En un país donde la historia se escribió con fusiles y pactos entre élites y patriarcados, que hoy dos mujeres encabecen la continuidad de un proyecto nacional, representa un verdadero cambio de era.

La posible transmisión del poder de Xiomara a Rixi no solo es inédita, es la culminación de una historia tejida desde la ruptura de 2009. Dieciséis años después, ese ciclo parece cerrarse. De la resistencia a las urnas. De la protesta al poder. En Honduras, el clima político favorece a las mujeres.

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