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Hacer visibles a los invisibles
Desde sus raíces Naucalpan se transforma bajo un principio:
¡Aquí gobierna la esperanza!
Hay ciudades que se transforman desde su territorio, Ciudad Naucalpan es una de ellas, donde el poder ha dejado de ser un privilegio para convertirse en una herramienta al servicio del pueblo.
La llegada de Isaac Montoya a la presidencia municipal marcó el comienzo de una nueva etapa para un municipio conocido por sus contrastes y desigualdades sociales, y que hoy lucha por cambiar su realidad, a partir de la inclusión y la justicia social.
¡Aquí gobierna la esperanza! no es solo un eslogan; es una convicción. Una que se reconoce en su fuerza laboral e industrial, en su legado cultural, sus zonas populares, lo mismo que residenciales y comerciales; sus bosques con su flora y su fauna y esas ganas de transformar, poniendo primero a los últimos, recordando a los olvidados y haciendo visibles a los invisibles, en palabras del joven alcalde.
Bajo esta lógica, nace uno de los proyectos más emblemáticos en un municipio tan importante para el Estado de México y el país entero: El Acuerdo por la Regeneración de Naucalpan (ARENA): Repensar la ciudad.
Durante décadas, el desarrollo urbano en Naucalpan —como en muchas otras ciudades mexicanas— fue selectivo y profundamente desigual.
Ciudad Naucalpan:
la narrativa de lo posible
Isaac Montoya ha impulsado una narrativa que va más allá de las obras. Ha apostado por reconstruir el vínculo emocional entre las y los naucalpenses y su territorio.
La nueva imagen institucional —que integra historia ancestral, fuerza industrial y vitalidad social— va más allá de una identidad gráfica, es el reflejo de lo que el municipio representa.
Una ciudad que vive, resiste y ahora florece.
En esta narrativa, el gobierno no es un fin, sino un medio para devolverle la dignidad a la ciudad.
¡Aquí gobierna la esperanza!, se siente en cada acción, desde los recorridos por las comunidades, hasta los proyectos de infraestructura; desde las políticas culturales hasta los programas sociales.
La apuesta de Isaac ha encontrado eco al más alto nivel, además del sector privado, en el respaldo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, figuras clave en la agenda de transformación territorial que no se impone desde arriba, sino que nace desde abajo, con El Poder de Servir y La Prosperidad Compartida.
ARENA
El Acuerdo por la Regeneración de Naucalpan
Surge como respuesta a esa injusticia estructural. No es solo un plan de ordenamiento territorial: es una política pública de regeneración con rostro humano. Su columna vertebral es una cartera de 31 proyectos que buscan cerrar brechas territoriales y devolverle a Naucalpan su vocación de ciudad incluyente.
Regenerar la ciudad y crear comunidad.
Naucalpan se ha convertido en punta de lanza para la innovación social y territorial. El modelo ARENA demuestra que sí es posible construir una ciudad con principios y a partir de la escucha social. Una ciudad que no se levanta solo con maquinaria, sino con la fuerza de su comunidad.
La Plaza Revolución, el Museo de Arquitectura Moderna en las Torres de Satélite, la recuperación del Parque Ahuizotla y el Plan Maestro del Parque Naucalli, son acciones trascendentales que avanzan de la mano de su gente.
Cada proyecto, cada parque rehabilitado, cada calle iluminada, cada reunión vecinal, es parte de un mismo relato: el de un municipio que se atreve y hoy vuelve a soñar.
Reconciliar a la ciudad
La experiencia de Naucalpan ya trasciende sus límites geográficos. En foros nacionales e internacionales, el modelo de regeneración territorial, con justicia social, empieza a discutirse como un nuevo paradigma de gobierno local.
Isaac Montoya, con solvencia técnica, legitimidad política y una profunda sensibilidad, ha logrado lo que parecía imposible: reconciliar con su futuro a una ciudad fragmentada por sus distintas realidades.
Y eso no se logra desde el escritorio, sino en la calle: escuchando, dialogando, trabajando. Por eso, más allá de ideologías y coyunturas, lo que se construye en Naucalpan es un legado.
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